¿El alcohol dificulta mi pérdida de peso?
Exploremos el efecto del hambre inducido por el alcohol y consumir calorías “vacías”
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Cada vez hay más estudios que relacionan los alimentos ultra procesados con la obesidad. Estos productos suelen tener mucho azúcar libre y grasas saturadas, lo que puede aumentar las calorías que comemos al día. Con el paso de los años, el consumo de ultra procesados ha crecido y, en muchas personas, se han convertido en una fuente importante de energía diaria.1
Hoy vivimos con mucha prisa, y eso también influye en nuestra alimentación. Muchas personas pasan gran parte del día sentadas o realizando poca actividad física. Hoy en día, el acceso a alimentos muy sabrosos, de alta densidad calórica y fácilmente disponibles es mayor que nunca. Estas características favorecen el consumo por placer, incluso cuando las necesidades energéticas ya han sido cubiertas, lo que puede contribuir a un mayor consumo de calorías y al aumento del riesgo de obesidad.²
Estos alimentos suelen ser fáciles de encontrar, económicos y muy atractivos por su sabor, lo que hace que sea más fácil comerlos con frecuencia. El sabor de los alimentos y el sistema de recompensa del cerebro desempeñan un papel importante en la conducta alimentaria. Además de cubrir las necesidades energéticas, las características sensoriales de los alimentos, como el sabor, el aroma y la textura, activan los mecanismos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa. Esta respuesta puede generar el deseo de comer incluso cuando no existe una sensación fisiológica de hambre, un fenómeno conocido como alimentación hedónica.³⁻⁴
No deberíamos sorprendernos si, por ejemplo, aumentamos el tamaño del pedido o llenamos el carrito, aunque no tengamos hambre. La capacidad de resistirse a estos estímulos no es igual en todas las personas: influye la genética y otros factores individuales.3
La obesidad no se debe únicamente a la falta de fuerza de voluntad. Se trata de una enfermedad compleja y multifactorial en la que intervienen diversos factores, como la genética, la biología, la salud mental, el entorno, los factores socioculturales y la disponibilidad de alimentos altamente procesados y de alta densidad energética. Además, el entorno actual facilita el acceso a estos alimentos y, en muchos casos, ofrece menos oportunidades para mantener un estilo de vida activo. Por ello, el aumento de la obesidad a nivel mundial responde a la interacción de múltiples factores biológicos, ambientales y sociales, y no simplemente a una cuestión de esfuerzo o disciplina (World Obesity Federation, 2022, pp. 13, 70).5
Aun así, aunque muchos factores estén fuera de nuestro control, todavía hay acciones que pueden ayudar. Reestructurar el entorno es una de ellas: planificar, preparar y decidir con antelación reduce la probabilidad de caer en hábitos automáticos.
Si necesitas más apoyo, consultar con especialistas en obesidad puede ayudarte a entender que factores podrían estar afectando tu salud y peso, y en conjunto, definir estrategias adaptadas a tu rutina. Tener un plan y un seguimiento hace más fácil sostener los cambios.